jueves, 7 de junio de 2012

Cronica Aquilianos 2012 Pedro Sánchez Ingelmo

bueno , nuestro amigo pedro , nos acerca una cronica de su carrera en los Aquilianos 2012, me parecio muy bien el poder compartirla, asi que a disfrutarla. !!! 
desde ya muchas gracias pedro.

de izquierda a derecha : fernando - miguel - ruben - francisco - dani - pedro es quien nos saluda !!!


Cronica Aquilianos 2012


Han pasado 3 días desde que finalizó la ultima edición (y ya va por la número 17) de la Travesía Integral por los Montes Aquilianos. Ya ha dado tiempo para asimilar la proeza para unos, locura para otros, que hicimos unos amigos de la ULE-Bierzo (Rubén, Dani, Miguel, Andrés y Pedro (el que suscribe), en la versión larga (62 km) y Paco y Félix en la menos larga (creo que un recorrido de 48 km no se puede considerar corto). No estuvimos solos, no.
 
Nos acompañaron otros 540 locos a los que dejaron salir ese día del manicomio para que se desfogaran haciendo lo que mejor saben hacer: la cabra.

Como todas nuestras batallitas, esta también comienza con el estridente sonido del despertador a una hora intempestiva (esta vez fue a las 4:30), poco después de que algunos hubiéramos sido capaces de conciliar el sueño. Fue imposible pegar ojo repasando una y mil veces las cosas que había que llevar para que no se nos olvidara nada: el chubasquero por si llueve, la sudadera (no fuera a ser que hiciera “fresquito” en las cumbres), toda suerte de geles “milagrosos”, barritas “resucitadoras”, brebajes isotónicos… y ya puestos, ¿por qué no?, la petaquita del wisky. Avisaros de que, si alguna vez os da por cometer una tropelía de estas, al final sobra casi todo, pero como se suele decir: más vale llevarlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no llevarlo.

Bueno, desayuno rápido (con pocas ganas, si acaba uno de cenar). Y corriendo a la Plaza de Luis del Olmo, donde había quedado Paco, Dani, Miguel, un compañero de batallas llamado Pablo Freire (con el que a la postre compartí la primera mitad del recorrido). Subimos a la Plaza del Ayuntamiento donde ya había congregada una muchedumbre. Allí estaban Rubén “diesel”, Félix y otro buen amigo, Javi, con sus 2 metros de buena persona.

Nos deseamos toda la suerte del mundo y, sin tiempo a arrepentirnos, fuimos empujados por una marea humana que nos arrastraba hacia nuestro destino incierto. Enseguida perdimos de vista a Rubén, Dani y Miguel, que tiraron pa’lante como si no fuera a haber mañana. Yo me emparejé con Pablo Freire siguiendo sus sabios consejos de que había que tomárselo con calma, que todavía quedaba mucha carrera (y tanto). Todavía era de noche cuando llegamos a Otero. Empezó a clarear bajando la cuesta que llega hasta el camino que va desde Toral de Merayo y Vadecañada. Luego nos desviamos a la derecha donde empezó uno de los tramos más bonitos de la ruta. Se trata de una senda que transcurre por el soto de un río y que va a dar a Villanueva de Valdueza, donde se situaba el primero de los controles y bien surtidos
avituallamientos. Estábamos ya en el km 11,5. Acometimos un breve tramo de ascenso, seguido del descenso que nos llevaría hasta Valdefrancos. Íbamos bajando tan tranquilos cuando se empieza a oir por detrás el galope de un caballo desbocado que se aproxima velozmente. De repente nos adelanta un fulano que iba como alma que se lleva el diablo. Cuando al fin se despeja la polvareda que había levantao al pasar… “pues no te fastidia, pero si
es Miguel ¿Y donde irá con esas prisas?” Total, que nada más entrar en Valdefrancos va el tío y se para a esperar a Dani (está claro que zumbaos estamos todos, pero unos más que otros). De Valdefrancos salía otra senda bordeando el río Oza, senda que nos llevaría hasta San Clemente de Valdueza y que abandonaríamos poco después para coger la senda conocida como “La
Ramosa”, que es la que se baja en la Tebaida. Yo alucinaba al ver la peligrosidad de la citada senda haciéndola como la hicimos en la Tebaida: cuesta abajo y “a tumba abierta”. En los reglamentos a este tipo de recorridos plagados de rocas puntiagudas en los que lo más fácil es dejar un tobillo o mismamente la crisma, los llaman “técnicos”, yo los llamo “recorridos hijoputas”, que se adecúa más a la realidad. Conseguimos llegar a Montes (km 21) con los tobillos indemnes. En este punto se bifurcaban las rutas larga y “corta”. Hicimos un alto en el camino para comer algo (había que coger fuerzas) y sacar las piedras de las zapatillas. Las cumbres de Cabeza de Yegua, Pico Tuerto y La Guiana se mostraban amenazantes y reconozco
que por un instante tuve la duda de si tirar por la corta o agonizar por la larga. Justo cuando íbamos a salir llegaron Paco, Dani y Miguel. Se les veía bastante “enteros” a los tres. Paco iba a tirar por la corta y Dani y Miguel también se iban a enfrentar cara a cara con las infames cuestas.

Seguimos haciendo el recorrido de la Tebaida pero al revés, es decir, cuesta arriba, lo que me dio la oportunidad de disfrutar del espectacular entorno por el que pasábamos. Me sentí privilegiado al vivir tan cerca del paraíso. Subiendo dejé un poco atrás a Pablo así que me dediqué a hacer fotos con el móvil del paisaje. Luego tocaba acometer fuerte bajada a Peñalba. Aquí estuvo a punto de consumarse una tragedia: después de hacerle unas fotos
a una preciosa cascada, al disponerme a cruzar el riachuelo en cuestión, resbalé y caí hacia atrás con el tiempo justo de apoyar las manos para evitar golpearme la cabeza con las piedras.
Pero bueno, no pasó nada, para lo que pudo pasar. Una vez recuperado el móvil del fondo del río (vaya faena, con las fotos tan “guapas” que había hecho) y recuperado yo del susto,seguimos nuestro camino hasta llegar al precioso pueblo de Peñalba de Santiago (km 26,5). En el avituallamiento degustamos unas fresquísimas sandías que tenían metidas en un pilón. Me
sentía acosado por la cercanía de las desafiantes cumbres, que te hacían sentir pequeñito ante su inmensidad. Cuando los compañeros de viaje comentaron que “hasta ahí hay que subir”, no me lo terminaba de creer.

Aquí empieza la parte dura de verdad. La subida a Cabeza de Yegua. Para que os hagáis una ligera idea imaginaros subir una escalera de 4 km subiendo los peldaños de 3 en 3. Nos juntamos un grupo de 4 para afrontar la subida y darnos ánimos. Íbamos subiendo con paso cansino, daba la impresión de que no avanzábamos. De vez en cuando miraba mi GPS, desde un buen rato se había quedado clavado en el km 27, me empecé a agobiar así que dejé de
mirarlo. Una de las veces que levanté la vista ví que la cumbre se hallaba muy cercana, pero cuando crees que ya has llegado ¡SORPRESA!, tras una pequeña cuesta abajo todavía quedaba otro buen tramo de subida (ingenuos de nosotros si pensábamos que Cabeza de Yegua nos lo iba a poner tan fácil). Ví que me encontraba fuerte y, haciendo caso omiso a las advertencias
de mis compañeros, tiré pa’rriba como un jabato. Los dejé atrás y adelanté a bastante gente que me miraban extrañados y me pedían un poco de lo que fuese que me hubiera metido.

Llegamos a la cima de Cabeza de Yegua. Aquí se produjo de los pocos “peros” por no decir el único que le pongo a la organización y es que no había nada “salado” para meterse al cinto.
Estaba “empalagao” de tanta barrita, geles y fruta. Quería jamón, chorizo, una pata cordero,lo que fuera, pero más cosa dulce no (Apuntar, para la próxima, si hay próxima, meter en la mochila bocata jamón y cerveza de tercio).

Ahora tocaba crestear el cordal que une las tres cimas principales que conforman los Montes Aquilianos, divisando, a la derecha, El Bierzo, y a la izquierda, La Cabrera. La vista era simplemente EXPECTACULAR. Qué lástima que hubiera fenecido el móvil, qué fotos más chulas para enseñar a la familia y colgar en el facebook. Bueno, por lo menos quedaron grabadas en la retina de los que allí pasamos. Llegué a Pico Tuerto (km 33) pasando al lado de
neveros donde se perpetuaba la nieve a pesar del calor que había hecho estos últimos días. La temperatura aquí arriba era bastante fresca, lo cual era de agradecer (me imagino esto con el sol pegando de plano, habría sido insufrible). Desde Pico Tuerto se veía perfectamente la Guiana y todavía mejor la pendiente imposible del cortafuegos que nos llevaría hasta ella ¿No
serían capaces de meternos por allí?... Pues sí que lo fueron. Un infame cortafuegos al que a la fuerte pendiente había que sumarle que se trataba de un pedregal que hacía más dura, si cabe, la subida. Por fin llegamos a La Guiana (km 37,5), la última de las cimas que nos tocaba coronar. Pero para el que piense, como me pasó a mí, que ahí había acabado todo estaba muy
confundido. Si las cuestas arriba son duras, las cuestas abajo no lo son menos.

De la Guiana se descendía por otro cortafuegos similar al que subimos y luego se cogía un sendero que discurría entre pinares. Todo era oscuridad bajo la copa de los pinos y uno, que ha visto muchas películas, empezaba a fantasear con que, de lo más profundo del bosque, emergiera una criatura. Yo tenía miedo, pero no por mí, sino por la criatura, porque en el avituallamiento de La Guiana tampoco pusieron nada salado, así que como se me cruzara sacaba la navaja y me la asaba allí mismo.

Luego se tomaba una ancha pista forestal, para mí la parte más “fea” del recorrido, donde, en un momento dado, nos volvíamos a encontrar con nuestros hermanos pequeños del recorrido corto. Me alegré mucho de empezar a ver otra vez a gente porque hacía mucho que iba sólo, prácticamente desde la cima de Cabeza de Yegua. La pista terminaba en una corta pero fuerte
y peligrosa bajada a Ferradillo. Fue aquí donde comenzó mi particular Via Crucis. Bajando se me contracturaron los aductores de las dos piernas obligándome a parar en seco, no me podía mover, era intentar dar un paso y darme un calambre. Después de darme unos masajes y estirar un poco llegué como pude hasta Ferradillo (km 45). Allí la organización había dispuesto
toda suerte de bocatas y bebida. No pude disfrutar de la merendola porque mi pensamiento estaba puesto en la contractura y en los 17 km de sufrimiento que tenía por delante. Estiré, me eché bien de Reflex y “vamos a terminar con esto como sea”. Una pena porque había llegado a Ferradillo en un tiempo de poco más de 7 horas.

La bajada de Ferradillo a Rimor es expectacular. Un sendero técnico (ya sabéis lo que pienso de esta nomenclatura), en el que en algunos sitios tienes que descolgarte literalmente, que discurre entre un frondoso robledal. Para mí se convirtió en un auténtico suplicio, que tuve que hacer en gran parte andando, con lo divertido que habría sido bajarlo en condiciones normales. Entre los ánimos de algunos corredores de la “larga”, que empezaron a adelantarme, y los ánimos de los participantes de la “corta” a los que iba pasando, llegué
a Rimor. Allí nos tenían preparadas unas jaulas con unas cerezas riquísimas, que a mí, particularmente, me hubieran venido mejor que hubieran sido en aguardiente, a ver si así anestesiaba las piernas.

De Rimor a Toral de Merayo haciendo el CA-CO (caminando/corriendo), para coger la senda de La Lola, donde me volví a tener que parar por los dichosos calambres. Y pa más inri voy y me quedo sin agua. Menos mal que por detrás venía Mar, una auténtica amazona que ya ha participado en 7 ediciones y que generosamente me cedió una botella de agua que me dio la vida. Y lo digo literalmente porque no sé si por las propiedades curativas del agua de Mar, o
porque ya sentía la cercanía de la meta o porque el terreno se hizo más llano, me empecé a encontrar algo mejor con lo que pude finalizar esta aventura con la mejor de mis sonrisas.

Así fue como viví mi bautismo de fuego en las ultradistancias. Fui a disfrutar y disfruté. Fui a sufrir y sufrí. Pero siempre tuve presente a mis amigos que estuvieron disfrutando y sufriendo conmigo. Algunos “en sus propias carnes”: Rubén, Paco, Miguel, Dani, Felix, Andrés, Pablo, Javi…… y otros desde la distancia: Silvia, Carmen, Gaspar, Carol, Alex, Anina, Lucía, Pablo,
Yolanda, Annie, Juan, M. Luisa, Chus, Cesar, Che…

Epílogo: Paco y yo comentábamos, en la línea de meta, que “una y no más”. Poco después ya decíamos “que bueno, que a lo mejor la corta…”. A día de hoy ya estoy deseando que pase rápido este año para volver a repetir la experiencia y es que Los Aquilianos enganchan.

                                                                          Pedro Sánchez Ingelmo.





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